Otitis del nadador: por qué duele el oído después de nadar y cómo evitarla
Por Equipo 4Estilos · 16 de septiembre de 2026 · 15 min de lectura
En esta nota
Resumen ejecutivo
El oído que duele después de nadar casi siempre es una otitis externa: una infección de la piel del conducto auditivo, no del oído medio. El agua que queda adentro ablanda esa piel, arrastra el cerumen que la protege y deja el terreno servido para las bacterias. Se previene con una rutina de dos minutos al salir del agua y se trata con gotas que indica un médico, nunca con hisopos.
El pelo se seca solo. El conducto auditivo, no: ahí empieza casi todo.
Qué es la otitis del nadador y dónde duele exactamente
La otitis externa es una inflamación infecciosa del conducto auditivo externo, el tubito que va desde la oreja hasta el tímpano. Todo el problema ocurre por fuera del tímpano. Eso explica por qué duele como duele.
El signo más característico se prueba solo, sin aparatos: tirá suavemente del pabellón de la oreja hacia atrás y arriba, o apretá el trago, ese cartílago que tapa la entrada del conducto. Si el dolor se dispara, lo más probable es que la inflamación esté en el conducto. Una otitis media no reacciona a ese tirón.
El cuadro suele empezar de a poco. Primero pica. Después el oído se siente tapado, como con un algodón adentro. Recién ahí aparece el dolor, que en un día o dos puede pasar de molestia a algo que no deja dormir. A veces sale un líquido claro o amarillento.
Lo que no aparece, en general, es fiebre alta. Si hay fiebre, el cuadro cambia de categoría y hay que consultar.
Por qué aparece justo en el nadador
Un conducto auditivo sano es un ambiente hostil para las bacterias. Está recubierto de cerumen, que es graso, ácido y repele el agua. La piel de ahí adentro se limpia sola hacia afuera. No necesita ayuda.
El nadador que entrena cuatro o cinco veces por semana somete ese sistema a agua adentro del conducto todos los días, durante meses. No es mala suerte. Es exposición repetida.
Por qué el agua atrapada termina en infección
El mecanismo es simple y de ahí sale toda la prevención.
Cuando queda agua en el conducto, pasan tres cosas encadenadas. La primera: el cerumen se diluye y se va, y con él la barrera grasa y el pH ácido que mantenían a raya a los microorganismos. La segunda: la piel se macera. Es el mismo efecto que ves en los dedos después de una hora en el agua, pero en un tubo cerrado, tibio y sin ventilación. La tercera: esa piel reblandecida se agrieta con nada, y cualquier bacteria de paso encuentra por dónde entrar.
El calor lo acelera todo. Por eso el pico de consultas es el verano, y por eso los vestuarios húmedos son peor escenario que una pileta fresca al aire libre. Si te interesa cómo influye la temperatura del agua en el cuerpo del nadador, lo desarrollamos en la nota sobre temperaturas de pileta y la ciencia del agua.
Qué la favorece de verdad y qué no tiene la culpa
A continuación, lo que sí mueve la aguja, ordenado por cuánto lo vemos al borde de la pileta.
Los hisopos. Son el primer factor evitable. Empujan el cerumen hacia adentro, raspan la piel del conducto y dejan microlesiones. Después de nadar, con la piel ya blanda, el daño es peor. Si hay una sola cosa para llevarse de esta nota, es esta.
Tapones mal usados o sucios. Un tapón que no sella no evita el agua, pero sí la retiene. Uno que se guarda húmedo dentro del bolso se convierte en un objeto que entra al conducto todos los días sin haberse secado nunca.
Nadar todos los días sin margen de secado. El conducto necesita horas para recuperar su película protectora. Dos turnos diarios dejan poco tiempo.
Agua con desinfección irregular. Una pileta con el tratamiento mal ajustado irrita la piel y la deja más vulnerable.
Piel sensible de base. Quien tiene eccema o psoriasis arranca con una barrera más frágil y se infecta con menos provocación.
Conductos estrechos o muy curvos. Retienen más agua. Es anatomía, no se cambia, y obliga a ser más prolijo con el secado.
Y lo que no tiene la culpa: el frío al salir, o irse con el pelo mojado. Esa creencia circula en todos los vestuarios y confunde el foco. El problema es el agua adentro del conducto y la piel que se rompe, no la temperatura del ambiente.
Otitis externa u otitis media: cómo se distinguen
Las dos duelen en el oído y ahí termina el parecido. Confundirlas lleva a tratamientos equivocados, sobre todo en chicos.
La otitis media es una infección del oído medio, por detrás del tímpano. Suele venir después de un resfrío, con mocos y congestión de varios días. El dolor es profundo y sordo, aparece más de golpe, muchas veces de noche, y la fiebre es frecuente. Tirar de la oreja no cambia nada. En chicos pequeños es el cuadro más habitual.
La otitis externa vive en el conducto. Pica antes de doler, reacciona al tacto, y la fiebre es la excepción.
Señal
Otitis externa (del nadador)
Otitis media
Dónde está el problema
Conducto auditivo, por fuera del tímpano
Oído medio, por detrás del tímpano
Qué la desencadena
Agua retenida, humedad repetida, microlesiones
Resfrío o infección respiratoria previa
Cómo empieza
Picazón y sensación de oído tapado
Dolor profundo, muchas veces de aparición brusca
Dolor al tirar de la oreja o apretar el trago
Sí, marcado
No
Fiebre
Poco frecuente
Frecuente, sobre todo en chicos
Secreción
Puede haber, desde la entrada del conducto
Solo si el tímpano se perfora
A quién le pasa más
Nadadores y personas con exposición repetida al agua
Chicos en edad preescolar
Esta tabla orienta, no diagnostica. La única manera de ver qué está pasando adentro es que alguien mire con un otoscopio.
Señales de alarma y cuándo consultar sin esperar
Una otitis externa leve puede mejorar en pocos días con cuidados y consulta temprana. Hay situaciones en las que conviene no dejar pasar el fin de semana.
Dolor que crece en vez de aflojar, o que no cede con el analgésico habitual.
Fiebre.
Hinchazón o enrojecimiento que se extiende al pabellón de la oreja o a la piel de alrededor.
Pérdida de audición marcada o zumbido nuevo.
Mareo, vértigo o cualquier alteración del equilibrio.
Secreción con olor o con sangre.
Antecedente de tímpano perforado, cirugía de oído o tubos de ventilación.
Diabetes o tratamientos que bajan las defensas. En estos casos la consulta es temprana y sin discusión.
También vale consultar si el cuadro se repite. Una otitis por año es mala suerte. Tres en una temporada es un patrón, y los patrones tienen causa: el secado, los tapones, el exceso de limpieza, algo de la piel. El oído no es la única molestia que se vuelve crónica por acumulación en el nadador: repasamos las más comunes en las lesiones más frecuentes de la natación.
Qué hace el médico cuando llegás con el oído tomado
Conviene saberlo, porque baja la ansiedad y evita automedicarse.
Primero mira con el otoscopio. Busca dos cosas: cómo está el conducto y si el tímpano está entero. Eso segundo no es un detalle burocrático, porque hay gotas que no se pueden usar si el tímpano está perforado.
Después, muchas veces limpia el conducto. Es incómodo y es la parte que más cambia el resultado: con el conducto lleno de secreción, ninguna gota llega a donde tiene que llegar.
El tratamiento habitual es tópico: gotas que, según el caso, combinan un antibiótico con un antiinflamatorio. Actúan justo donde está el problema. El antibiótico por boca se reserva para situaciones puntuales, como una infección que se extiende más allá del conducto.
Mientras dura el tratamiento suele indicarse mantener el oído seco. Eso, traducido al calendario del nadador, significa parar algunos días. Es la parte que nadie quiere escuchar y la que más acorta el cuadro.
Una aclaración sobre las gotas que quedaron de la vez anterior en el botiquín: no todas sirven para todos los casos, y usar la equivocada con un tímpano perforado puede traer problemas serios. Que las indique quien miró el oído.
La rutina de dos minutos al salir del agua
No hay nada mágico acá. Es repetir siempre lo mismo, todos los días, hasta que salga sin pensarlo.
Sacá el agua por gravedad. Inclina la cabeza hacia un hombro, tirá suave del pabellón hacia atrás y arriba para abrir el conducto, y esperá unos segundos. Un par de saltitos ayudan. Repetí del otro lado.
Secá solo lo que ves. La punta de la toalla en el pabellón y en la entrada. Nada entra al conducto: ni hisopo, ni dedo envuelto en toalla, ni la punta de una remera.
Dejá que se ventile. Unos minutos sin gorro, sin auriculares y sin capucha. Si usás secador, en frío o tibio, en potencia baja, a una buena distancia y por poco tiempo.
Si tu médico lo indicó, usá la solución de secado que te recomendó, siempre con el tímpano sano. No es para todos y no es para cualquier momento: no se usa con el oído ya inflamado.
Cuidá el equipo. Tapones y gorro se enjuagan y se secan al aire, fuera del bolso.
Si recién estás armando tu rutina de vestuario, la nota sobre tu primer día en la pileta repasa qué llevar en el bolso.
Gorro y tapones: qué pueden y qué no
El gorro no es un dispositivo impermeable para los oídos. Sostiene el pelo, reduce el rozamiento y, si es de silicona y cubre bien, baja algo la cantidad de agua que entra. Nada más. Quien tiene otitis a repetición no se resuelve comprando otro gorro, aunque conviene elegir uno que ajuste sin apretar; las diferencias entre materiales las comparamos en la guía de gorros de natación de silicona, látex o lycra.
Los tapones son otra historia. Bien usados, reducen de forma real la cantidad de agua que entra al conducto. Ahí aparecen los matices.
Los genéricos de silicona moldeable sellan por fuera de la entrada, no adentro, y funcionan bien si se colocan con cuidado. Los de espuma no están pensados para el agua. Los hechos a medida por un profesional son los que mejor sellan, aunque no todo el mundo los necesita.
Tres advertencias de oficio. Un tapón mal puesto retiene agua en lugar de evitarla. Un tapón muy duro o muy grande irrita el conducto y produce exactamente el daño que querías prevenir. Y un tapón que nunca se lava se vuelve parte del problema. Si te interesa el criterio para elegir el resto del equipo, lo ordenamos en la guía de gorras, cremas y accesorios de natación.
Un apunte para padres: en chicos con tubos de ventilación o antecedente de cirugía de oído, el tipo de protección lo define el otorrinolaringólogo. No es un tema de catálogo.
Conclusión
La otitis del nadador no es el precio de entrenar seguido. Es un problema de barrera: agua que se queda, piel que se ablanda y una mano que termina de romper lo que quedaba. Sacá el agua, dejá secar, no metas nada adentro y consultá temprano cuando el dolor crece.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto dura la otitis del nadador?
Con tratamiento indicado por un médico, el dolor suele aflojar en los primeros días y el cuadro se resuelve en poco más de una semana en la mayoría de los casos. La duración exacta depende de cuán avanzada estaba la inflamación al momento de la consulta y de si el oído se mantuvo seco. Si a los pocos días no hay ninguna mejoría, hay que volver al control.
¿Puedo seguir nadando si tengo otitis del nadador?
Lo habitual es parar mientras dura el tratamiento, porque volver a mojar el conducto alarga el cuadro y puede hacerlo recaer. Cuántos días de pausa y cuándo volver lo define el médico que miró el oído. Conviene planificar la vuelta progresiva en lugar de retomar el volumen de golpe.
¿Cómo saco el agua del oído después de nadar?
Por gravedad: inclinás la cabeza hacia el hombro, tirás suavemente del pabellón de la oreja hacia atrás y arriba para abrir el conducto y esperás unos segundos, con un par de saltitos si hace falta. Después secás solo la parte externa con la toalla. No hay que introducir hisopos ni ningún otro objeto en el conducto.
¿Los tapones evitan la otitis del nadador?
Reducen la cantidad de agua que entra al conducto, que es el factor principal, pero no garantizan que no aparezca. Tienen que sellar bien, estar limpios y secos, y no irritar la piel. Un tapón mal colocado puede retener agua en lugar de evitarla, y uno demasiado duro puede lastimar el conducto.
¿Por qué duele más el oído cuando me toco la oreja?
Porque el dolor al traccionar el pabellón o al apretar el trago es característico de la inflamación del conducto auditivo externo. En la otitis media, que ocurre por detrás del tímpano, ese movimiento no suele aumentar el dolor. Es un signo orientador, no un diagnóstico: la confirmación es con otoscopio.
¿El gorro de natación previene la otitis?
Un gorro de silicona que cubra bien las orejas reduce algo la entrada de agua, pero no sella el conducto y no reemplaza a los tapones ni a la rutina de secado. Sirve como medida complementaria. Quien tiene otitis a repetición necesita revisar el secado, el uso de hisopos y el estado de la piel, no solo el gorro.
Aviso médico
Esta nota es información general y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud. Si tenés dolor persistente, fiebre o síntomas que empeoran, consultá con tu médico o kinesiólogo antes de seguir entrenando.
Fuentes y referencias
Organización Mundial de la Salud — recomendaciones sobre calidad del agua y seguridad en piscinas y ambientes acuáticos recreativos.
American Academy of Otolaryngology–Head and Neck Surgery — guía de práctica clínica sobre otitis externa aguda: diagnóstico, tratamiento tópico y cuidados del conducto.
Sociedad Argentina de Pediatría — material de divulgación sobre otitis en la infancia y diferencias entre otitis externa y otitis media.
Ministerio de Salud de la Nación (Argentina) — recomendaciones de cuidado en piletas y natatorios durante la temporada de verano.
World Aquatics — lineamientos generales sobre condiciones de instalaciones y prácticas de higiene para nadadores.